martes, 27 de octubre de 2015

¿El precio justo?

El ocio y la cultura son dos de los temas de más ferviente actualidad en la sociedad, ya que son las actividades a las que solemos dedicar esas supuestas ocho horas de tiempo libre que nos consiguió la Segunda Internacional de Trabajadores, junto a las 8 de sueño y 8 de trabajo (las tres ochos). Así, muchos de esos planes propuestos para nuestras horas libres forman parte de lo que se considera “cultura”, que abarca desde la visita de un museo hasta la visualización de un espectáculo o monólogo en algún teatro, asistir a algún concierto e incluso probar la gastronomía típica de un sitio también es cultura. Las actividades culturales se llaman así porque forman parte de las costumbres, características y formas de vida y expresión de una sociedad. Por ejemplo, guste o no; tópico y típico o no, los toros son una costumbre cultural española.

Pero el debate que se abrió hace unos años es acerca del precio de toda esta oferta cultural en España. Y es que resulta que todos los españolitos somos muy intelectuales y nos gusta darnos golpecitos de pecho diciendo que podríamos ser mucho más cultos si todo no fuese “tan caro”, que es el mal que por desgracia sí padecemos en muchos sectores los ciudadanos españoles. Lo mismo me equivoco, pero con todo esto de la moda hípster y vintage parece que ha puesto de actualidad ser un poquito más entendido en temas de películas, música y lecturas alternativas, el arte moderno…así como todo aquello de "el arte por el arte" etc. A mí me recuerda un poco a los años 80 y 90 y a las vanguardias. Y como el fenómeno hípster se da, sobre todo, entre los jóvenes universitarios…nada mejor que una encuesta sobre cultura para saber un poquito más acerca de esto.

Las preguntas del cuestionario, 13 exclusivamente, no eran demasiado profundas, sino más bien tirando a objetivas y cortas; pero, efectivamente, las cosas se complicaban un poquito llegando al final de la encuesta. Primero que todo, edad, estudio/empleo y sexo; factores con los que poder generar algún tipo de respuesta. El de género la verdad es que no era para nada relevante, pero bueno. Tanto la edad como si estudian o trabajan sobra decir que sí que eran factores de peso en el análisis.

La encuesta iba encaminada a realizar un estudio sobre el consumo cultural, especialmente entre los jóvenes universitarios. Pues bien, entre las preguntas realizadas, se encontraban las de si se realiza alguna actividad cultural por semana y a cuáles. El 51, 8% de los 103 encuestados respondió que sí a actividad cultural semanal, y entre las opciones dadas ganaban la literatura y la música con un  25,5% y 23,6% respectivamente.

Está bien, primer paso superado: nuestros jóvenes sí consumen cultura (no solo el botellón y todo eso). En otras cuestiones se les preguntaba sobre si disfrutaban realizando actividades de este tipo, cuáles eran sus preferencias, qué museos frecuentan, si suelen ir al cine o a través de qué medios suelen enterarse…etc. De todas estas preguntas dedujimos que sí, un 63,1% va con frecuencia al cine, un 46% dedica parte de su tiempo mensual a actividades culturales, que un 99% disfruta haciéndolo y que un 67% se entera a través de Internet de los planes de ocio y cultura disponibles.

Pero lo más interesante, desde mi punto de vista, venía a continuación la pregunta número 13: ¿con respecto a los recursos culturales que ofrece internet, consume cultura a través de la red (ver películas, escuchar música, descargarla…)?”. Las respuestas a esta fueron mayoritariamente afirmativas (101 de los 103 encuestados respondieron que sí), muchos contando incluso que escuchaban y descargaban música, así como películas y series de ficción. Pero la cuestión daba un giro más al preguntar acerca de si lo hacían a través de medios lícitos o de la piratería. En este caso, la minoría de los encuestados respondía que consume cultura a través de medios lícitos, un amplio número de jóvenes respondía que exclusivamente a través de piratería y la gran mayoría optaba por el híbrido: “ambas”.

A continuación, en el mismo tono, se les cuestionó sobre su opinión acerca de la piratería, donde encontramos opiniones variopintas: muchos no disponían de información acerca del tema, otros estaban en desacuerdo porque perjudica a la industria, otros añaden a esta opción que dados los precios y el IVA aplicado a la cultura, la piratería es justificable e incluso la mejor opción. Algunos encuestados son más radicales, por un lado algunos defienden que están de acuerdo con ella, y otros que es ilegal y que debería ser condenada; otros piden solución y la gran mayoría concluye que uno de los motivos son los precios que tiene en general la cultura en España.

Y volvemos al comienzo. Los precios que tienen las actividades culturales en España. Al final, pese a las maneras, los jóvenes sí están interesados en la cultura, además de esa plaga de ver Telecirco que parece que se extiende por momentos. Los jóvenes queremos consumir cultura, aunque sea porque está de moda; ¡y gracias a Dios que eso está de moda! Pero no se puede, no nos dejan. Porque nuestras posibilidades económicas condicionan nuestra inversión en cultura. Ahora es cuando viene el comentario: “sí, pero el calimocho de los sábados por la noche no les falta”. Absolutamente cierto, nunca falta. Como tampoco faltaría un buen vino  –que eso también es cultura- si pudiesen permitírselo.

¿El problema? Que llegamos siempre al mismo rifirrafe...y la cuestión es que, mientras exista lo gratuito, nadie va a pagar lo no gratuito. Es triste, pero es real. Por supuestísimo que el arte merece ser pagado. Y por supuestísimo que los jóvenes, además de -muchos- ver Telecirco están interesados en la cultura y el arte. ¿Entonces, los jóvenes consumen cultura? ¡Y tanto! Pero, por desgracia, consumen solo la que pueden.

miércoles, 21 de octubre de 2015

"Malos tiempos para la lírica"

El Anuario de Estadísticas Culturales es una publicación anual llevada a cabo por la Subdirección General de Estadística y Estudios de la Secretaría General Técnica del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. En él se recopilan los datos estadísticos más relevantes para el análisis del ámbito cultural en España, como por ejemplo cuánto gastan los ciudadanos en cultura, la regulación de las empresas que se dedican a este sector o cómo afecta y evoluciona, en definitiva, este sector como valor social y de desarrollo económico en la sociedad española.

En el Anuario de 2014, la décima edición de este proyecto, se tratan diversos puntos, entre los que se encuentra, por ejemplo,  un indicador dedicado al gasto de consumo de los hogares en bienes y servicios culturales. Es interesante ver lo que los ciudadanos, que son el motor de toda sociedad, gasta en cultura para valorar, no solo la relevancia que le dan en su rutina vital, que puede ayudar a estimar una mejora de la calidad cultural española; sino porque también revela la posibilidad económica que tienen de acceder a ella; ya que los impuestos han azotado con fuerza a este servicio.

Haciendo un análisis de los resultados elaborados en este ámbito es sorprendente encontrar que el gasto dedicado por los hogares a la cultura ha experimentado una disminución con respecto a años anteriores (años en los que, teóricamente, afectaba con mayor intensidad la crisis económica, siendo este último el “año de la recuperación”). Por ejemplo, uno de los sectores donde puede apreciarse este fenómeno es en el consumo referido a espectáculos donde, por ejemplo, en el año 2011, con el cambio de gobierno y la toma de medidas más estrictas para hacer frente a la gran crisis en la que se sumergía España, se dedicaba un total de 1.713 de euros a espectáculos, reduciéndose a 1.417 en 2013, el supuesto “principio del fin” de la crisis. Además, el consumo medio en cultura por persona en el mismo año era de 317 euros, un 2,8% de gasto, y en 2013 se redujo a 266 euros por persona, un 2,5% de gasto.

Otros valores sorprendentes son los indicadores del consumo de “libros no de texto” y de los “equipos y accesorios audiovisuales de tratamiento de la información e Internet”. Comparando ambos en relación a los años reflejados en la estadística es curioso destacar la cifra de 2010, por ejemplo, con respecto a la última analizada, la de 2013; en lo que a libros se refiere. En 2010 la cifra de gasto en libros “no de texto” era de 1.261, y la de 2013 –algo alarmante, la verdad- 875. Pero dando un paso más allá, y muy inquietantemente, ¡la destinada a equipos tecnológicos de apoyo a la información e Internet también ha disminuido! En 2010 eran 7.334 euros, y en 2013, 5.381. Lo peor, quizá, es que no hay ningún valor que haya aumentado con respecto a años anteriores y eso, insisto, que este es el año de la recuperación.

Estos son solo algunos ejemplos que contrastan meros datos, para comprenderlos hace falta un análisis más exhaustivo de las causas y factores que rodean y afectan a esas cifras. La gran pregunta que muchos preocupados por el ámbito cultural nos hacemos es… ¿qué pasará con ese 21% de IVA? Y es que cómo vamos a conseguir una sociedad más culta e inteligente, ¡si los que ponen los precios, los de arriba, no nos dejan! Clarísima y lógicamente: no es santo de su devoción fomentar y sustentar a una sociedad que piensa