Desde
el mes de septiembre de 2015 y hasta finales de noviembre, una de las salas (sala
Bárbara de Braganza) de la fundación Mapfre, una institución sin ánimo de lucro
que pretende contribuir al bienestar social fundamentalmente a través de la
cultura –consiguiéndolo, por cierto- ha acogido una exposición que mezcla el
fotoperiodismo con la fotografía artística, identidad personal del protagonista
de dicha colección: Josef Koudelka. El fotógrafo, nacido en 1938 en
Checoslovaquia y nacionalizado francés, es uno de los grandes de la Agencia
Magnum, la primera agencia de fotografía creada de la mano de los primeros fotoperiodistas,
fundamentalmente por el mítico Robert Capa.
A
grandes rasgos, la selección de imágenes de Koudelka es una muestra de sus
fotografías clave para comprender su obra, pero haciendo un breve ejercicio de
análisis y reflexión, la exposición está algo desordenada y falta de
significado. Puede que por el montaje o por el planteamiento de cómo se
presentan las series, pero para nada debido a las fotografías de Koudelka, pues
es sin duda uno de los más grandes de la fotografía.
Sus
instantáneas están llenas de conceptos: la forma de retratar, el enfoque y
dónde pone la atención al tomar las imágenes transmiten un esbozo de una
realidad diferente. Claro está que hay unas que sugieren más que otras, igual
que las personas, las canciones o los cuadros. Me encantaría poder citar
algunas, pero si hay algo que sí echo de menos en el autor es que titule sus
imágenes con algo más que un simple “Eslovaquia”.
La
muestra de instantáneas inmortaliza los momentos que vivió un fotógrafo
apátrida, marcado por el sentimiento de falta de pertenencia a un lugar
concreto, anclado en la soledad; una personalidad caracterizada por una
“nacionalidad incierta”. Más que un fotógrafo de guerra al estilo Robert Capa,
Koudelka se decanta por el sentido más humano –o inhumano, mejor dicho- de la
guerra, en lo que se asemeja a James Nachtwey: en la decepción del mundo, el
retrato de un mundo herido por la mano del hombre.
La
exposición recoge imágenes de sus series más famosas, Gitanos, Invasión y Exilios, así como repasa su trayectoria,
empezando por fotografías que podrían pasar perfectamente por pinturas, sobre
los ensayos de una compañía de teatro. Luego comienza la serie Gitanos, con la que se dio a conocer, de
marcado carácter realista. La muestra se divide en dos salas, ya que aglutina
más de 150 instantáneas. En la segunda sala se encuentra la colección Invasión, caracterizada por un tono más
documental, donde también se hallan fotografías panorámicas más recientes.
Se
trata de una buena selección del trabajo de Koudelka, en lo que al reflejo de
su obra se refiere; ya que aúna todas las etapas del autor, sin embargo, como
exposición deja algo que desear, ya que transmite desorden en la sucesión de
las series: le falta coherencia, un hilo conductor más allá del simple
concepto: “la obra de Josef Koudelka”.

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